LAS CÓMPLICES PALABRAS

Las palabras, son nuestras cómplices.
Las usamos en nuestro provecho, a nuestro antojo.
A veces sin esmero, sin saber por qué lo hacemos.

Las palabras las escribimos,
las hablamos y las escupimos,
las odiamos y las amamos,
desvestimos y desquebrajamos,
desdibujamos e incluso deshablamaos.

Las palabras, las no dichas, son las pensadas.
Son las más inspiradas, las más creíbles porque
solo nosotros  las oímos, son las más pesadas
porque se clavan en el alma.

Las palabras pueden ser plumas o puntiagudas piedras,
trozos de plomo y agua de hielo,
ascuas de fuego.

Las palabras, pueden ser caricias o bofetadas,
buenas y malas, pegajosas y ásperas,
espumosas y brumosas.

Las palabras, puedes describirte,
adorarte y amarte, quererte e  idolatrarte.
También pueden seducirte y obligarte,
excitarte y esclavizarte,
despreciarte y romperte.


Las palabras, tanto las escritas como habladas o pensadas,
tiene el poder de cambiarte la vida,
tan solo con pasar las páginas de un libro, en un ligero parpadeo.
Tienen el poder de definirnos, sólo, por ser humanos.
Pueden destruir y construir, armar y desarmar,
hacer y deshacer.

Las palabras, son la esencia de nuestros pensamientos,
los más queridos, los más deseados.

Las palabras, somos nosotros mismos.

Comentarios

  1. A mi las palabras, me han servido de caricias, de aliento, de ánimo y de conocimientos. Vivan las palabras, bien dichas y escritas. En fin pensadas.

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