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Mostrando entradas de febrero, 2013

VIVIR TUS SUEÑOS

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La noche lo cubría todo. Siempre había pensado que la oscuridad era su refugio, pero después de lo sucedido hace apenas unas horas, pensaba todo lo contrario. Debido a su carácter retraído, casi antipático, se ha quedado sola, cómo casi siempre había estado. Tan solo acompañada por esas imágenes que de vez en cuando la visitaban, nunca había hablado de ellos, por no parecer una loca ante los demás, pero aquellas almas le hablaban y la acompañaban en los sueños. Virginia se acostó, cerró los ojos y pensó  no soñar, no quería verles de nuevo, no quería que sus voces le calaran hasta la medula, le hacían sentir un frío anormal en pleno verano. No los quería sentir, pero el sueño le venció y ahora su respiración se torna en un susurro. Pero tiene los sentidos alertas y en la oscuridad de su habitación, comienzan a llegar… son varios, susurrantes palabras de hielo, caricias heladas, gemidos de dolor y peticiones extrañas… “mírame, yo no tengo ojos y te puedo ver” Aquellas palabras, le talad…

SIN TI, NO HAY NADA

La mañana anunciaba otro día, abrió los ojos y miró a quién tenía a su lado en la almohada. Ella descansaba su cabeza apoyada en su hombro, así quedó de madrugada. Cansada después de tantas risas. Habían pasado parte de la noche, recordando aquellos días de juventud disfrutados, días de amor apasionado, recuerdos buenos y malos, pero los habían vivido juntos, como siempre habían estado. Extrañado, besó la frente de su esposa. Sorprendido, al sentirla algo tibia. Extrañado, pues su amada siempre se levantaba al alba. Sorprendido, la llamaba y no despertaba.    -¡Vamos amor, despierta! El sol  no tardará en llegar a lo alto. Pero ella no respondía, ¿dormía? Su respiración no agitaba su pecho, su aliento no le hacía cosquillas, no sentía el latir de su corazón. El dolor se abría camino, rasgando su pecho al sentirla rígida. La abrazó contra su pecho, apretándola lo que podía. La tibieza de su piel, poco a poco se le iba. Ojerosa su mira, malvas los labios, labios que sonreían.     -Mi lucero –solloz…