Y NO CESAN LAS LÁGRIMAS.

Cesó la tormenta, llegó la calma, pero aún no amainan los vientos, traen gotas de agua que mojan mi rostro como lágrimas lloradas.
Acongojado el corazón, palpitando desvariado.
Y en mi cerebro pululando “el cómo y el por qué” sin llegar a resolver el caos que lo asola, que lo oprime y le hacer doler.
Pensamientos suicidas que desvarían, que hacen encogerse todo mi ser.
El frío que dejan sus frías palabras, se esparcen por toda mi piel.
Procurándome agonía, acallando mi querer, encerrando mis sentimientos, dejándolos al vacío, asfixiándolos.
Y ahogando mis lágrimas, cual barco de papel, que en el charco se hunde.
Voy restando horas al día, para añadir a la noche las que contigo gocé.
Como un ángel oscuro y herido, escodo mis alas para no volar hacia él.
Rezagada, en silencio, esperando el crudo amanecer.
Recordando que un día tú me quisiste querer.
Tú, me dejaste quererte, amarte.
Ya cesó la tormenta y sigo llorando.
Pues cuanto te quise, yo sólo lo sabré.

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