TRAS EL CRISTAL

A miles de kilómetros estaban, pero es distancia solo se olvidaba tras el cristal que los separaba.
Todo empezó así, una noche otoño…
  - Hola- saludó él -¿Cómo estas?
  -Hola, estoy bien ¿Y tú?- Respondió ella.
  -Buscando la muerte que nunca llega para poder ser eterno- le dijo.
  -En el lugar donde yo vivo la oscuridad lo envuelve todo, es como estar   enterrada   en vida, no sentir nada, como no tener corazón- comentó ella.
  -Mi corazón es de piedra –dijo él- no puedo sentir amor, tan sólo odio por este mundo, que me hace sentir dolor ante todos sus horrores, ya no hay amor. Intente cambiar a las personas para cambiar al mundo, pero en vano fue luchar, solo me hirieron. Retorcieron mi corazón y lo hicieron sangrar, lo secaron y ya no sentiré jamás. Ya nadie se merece mi amor, tan sólo mi desprecio.

Ante aquellas palabras ella derramó lágrimas, esas palabras denotaban sufrimiento, y aunque intentaban ser crueles y hacer daño, en el fondo había un sentimiento oculto, disfrazado de dureza.
Sus conversaciones tras el cristal, cada día eran más largas. Hablaban de muchas cosas, del bien, del mal, de la amada naturaleza…
A medida que pasaba el tiempo, se dieron cuenta, de lo mucho de que ambos tenían en común y que sin querer coincidían.
 “Esperar el día de su muerte con ansia y despertar en la eternidad que ambos buscaban. No amar y no ser amados. No querían dar a conocer su verdadera naturaleza, ocultaban ante los demás el gran amor que tenían por dar y el que querían recibir”
Entre conversaciones y risas sin darse cuenta, ella, que no quería sentir el corazón lo sintió. Él, que tenía un corazón de piedra sintió abrirse en el una grieta, por la que empezaba a entrar de nuevo, el sentimiento del amor, que tanto bien le hacía y sintió que le volvía la alegría.
Una de esas noches, tan contento estaba, que decidió confesárselo a ella.
Confusa y alterada, ella recibió sus palabras.
  -Me he dado cuenta, de que no puedo seguir luchando contra esto que siento-   le dijo él.
  -¿Y qué es lo que en verdad sientes?- Preguntó ella.
  -Siento que has entrado en mi corazón y que te pertenece- respondió.
  -¡OH! Entonces soy tu grieta- Rió.
  -Sí, mi amada princesa, mi linda rosa- él también rió.
  -Mi amado príncipe- le dijo.

Y sintió como sus mejillas se encendían.
Entre palabras lindas, llenas de amor y dedicándose miles de besos tras el cristal, creció un amor inevitable, puro y sincero. Que les hizo ser mejores personas con ellos mismos y con el resto de la humanidad.
Viviendo la vida con alegría, mostrándose a los demás como realmente eran. Amando y dejándose amar.
Ellos, siempre se esperarán tras el cristal que los une, pues una gran distancia los separa. Pero se amaran con el alma.
El tiempo que corre en contra de ellos, es su enemigo, porqué acaba sus noches, les lleva el día y les procura el dolor de la despedida. Pero todo eso lo olvidan cuando se hablan y se miman tras ese cristal, pues saben que la eternidad y la oscuridad están unidas.
Esperando juntos, que un día aunque sea lejano, la muerte, que separa a otros, a ellos les una, le haga libres y se amen sin límite, eternamente.
Sin el cristal que los separa

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