NO ESTOY LOCA... TAN SOLO, ESTOY SOLA

Paré a pensar…

Desde el más profundo y macabro sentimiento de amor, hasta el más tenebroso de los odios.
Desdibujando los rostros ajenos a mí, rostros que me envenenan, que me hacen sentir pena. Monstruos con caras deformes, de ojos negros, secos, ojos sin alma… y no sé porque me miran.
Cierro los ojos, no quiero saber qué son, porqué están aquí y para qué. Quiero que no me acompañen, que se queden en su foso oscuro y me aguarden allí hasta la noche… ¡Es qué no ven el Sol! ¡Marchad, malditos hijos de la inconsciencia! ¡Marchad!
Ahora el Sol está alto, el día gira… aun que no quiera el tiempo se escapa entre mis dedos y no se pueden parar las horas, ni matando al maldito reloj que las marca ¡Quedaos quietas manillas! ¿Por qué avanzáis tan desesperadas? ¿No veis que se acaba mi tiempo? Nada, no se paran… me ignoran.
La soledad, que es mi acompañante se ríe. Intento no escucharla, pero es inútil todo intento de alejarla… está pegada a mí. A veces creo que lo hace por fastidiar. Se ha convertido en mi sombra, está adherida a mí es… como un amante pegajoso y besucón.
Decidida a alejarme de ella, he puesto en el reproductor de Windows media. Smile, de Michael Jackson. Bendita música, mientras Michael me dice sonríe, yo doy vueltas bailando entre los brazos invisibles de mi acompañante… y si cierro los ojos… puedo bailar con mi querido Michael. Que dulce voz la suya, smile… y mientras bailamos, sonríe y sus hoyuelos se marcan en su dulce rostro… smile… decimos juntos. No estoy loca… sólo estoy sola. Cuando acaba la canción el silencio lo inunda todo. Michael vuelve a sonreír, besa mi mano y se aleja hacia la luz que es su estrella, dejándome una sensación de paz única… ¡Gracias príncipe!”
Abrí los ojos y volvió la cruda realidad, seguía sola.
Pero como en vano es luchar contra el tiempo, paso las horas del día ocupado, haciendo mil cosas… dedicando mi tiempo a otras personas. Así, pasa la mañana, la tarde y llega la temida noche. En ella ando a tientas, como invidente ocasional.
Siento el frío que cala hasta mis huesos y me temo que ya llega, que retuerce el sentido hasta sacar de mí toda paz. Pensamientos absurdos acumulan mi mente, algo confundida al principio. Al llegar la oscuridad se aclara y distingo las diferentes sombras, que son, “la Impotencia y la Verdad” Ambas pasean juntas. La “Impotencia”, dicta mis miedos… hace que resbalen ante mí las ocasiones de llegar a lo más alto. Y me presenta a la indulgente “Responsabilidad”, dama aburrida… intolerante ante el desorden ocasional de mi mente. Marcando con vehemencia, “el sí y el no”. Sin dar pie, “al casi o al puede ser”. No da pie a las preguntas tontas…  “Obligación” es su respuesta. La “Obligación” es hija de la “Responsabilidad” hija mal criada, pues siempre hay que hacer lo que ella quiere y cuando quiere. Ella manda.
La “Verdad” no me deja dormir y me trae a la estúpida “Conciencia”. Ésta se recrea en mis pensamientos y me hace recordar todo lo pasado en este día. Me castiga haciendo repaso de mis palabras dichas, de mis actos no hechos… “hoy no has besado a tus padres cuando llegaron… has mentido diciendo que comiste… hoy no has abrazado a nadie… eres una arpía que devoras las palabras, los sentimientos, para después vomitarlos en un papel en blanco”.
Después, ¡así! Como de la nada, llega el más macabro de todos…
El “Amor” que remueve mi Conciencia y la mezcla con la Verdad. Haciendo que llore cuándo me trae a su más allegado amigo. “El Odio”. El cóctel es explosivo y lo peor es la presencia del “Remordimiento” éste me dice… “tenías que haber hecho o haber dicho… y si mañana no puedes… podrías haberles echo felices y no has querido… ahora ya no tiene solución”
En esos momentos, llega “la Impotencia” que me oprime el pecho. La “Responsabilidad y la Obligación” que se ríen de mis lágrimas. Mí mala “Conciencia” se regodea de mi dolor… el “Amor” altera mis sentidos y vuelve taquicárdico a mi corazón, que se siente dañado y sometido a todos aquí reunidos.
Mi mente es un caos absoluto.
Es cuándo me marcho y desaparezco, me oculto entre las sombras de la oscuridad que me acoge como a una hija pródiga, haciendo que me olvide del tumulto inconsciente que he dejado atrás. Me envuelvo en una tenue paz, desahogando mis sentidos, dejándolos fluir por donde quieran. Alejándolos de mí, adiós al dolor que ellos generan.
¡Dejadme en mi oscuridad! Grita mi mente.
“Quiero apagarme y dormir

Comentarios

  1. Precioso texto, temibles "personajes", sensaciones muy encontradas...

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    1. Gracias por comentar y pasarte por el blog, es un placer saber que te gusta. En este escrito hay muchas cosas encontradas en momentos muy difíciles de describir, qué mejor que llevarlos al papel para desahogarlos. Un saludo.

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