A MI QUERIDO "GUSTAVO ADOLFO BECQUER"

Me sorprendió de nuevo la aurora, leyendo tus rimas.
Me descubre el día cerrando tu libro, en tierna despedida. Y entre mis labios, como un susurro, recito el último verso leído.
Así, comienza un día atareado, lleno de obligaciones por cumplir.
Pero de cuando en cuando, paro y pienso…
 Me vienen a la mente algunas de tus rimas. Y me pregunto…
Tú, que siempre fuiste un hombre de sentimientos nobles
¿Por qué no te amaron? La musa que te inspiraba ¿Acaso sabía el daño que te estaba procurando?
Mi incomprendido Gustavo, cuántas veces me he sentido igual.
Maldito amor no respondido.
Aunque en el fondo de mí egoísmo, pienso…
De no haber sido así, desdichado en el amor, nada de todo esto habrías escrito, para mi gozo y el de muchos otros
Bendita tu musa, que inspiró tu pluma. Y a la vez maldita, por hacerte sufrir.
Por eso, al tocar las gastadas tapas de tu libro, siento, como palpitan las palabras en él escritas.
Y no me queda más remedio que abrirlo y empezar a leer de nuevo…
Por los oscuros rincones de mi cerebro, acurrucados y desnudos, duermen los extravagantes hijos de mi silencioso tumulto, buscando en tropel por donde salir a la palabra, para poderse presentar a la escena del mundo
Y pienso… “pues bien paridos sean, que yo los recibo
Gracias por existir.
Mí querido, Gustavo Adolfo Bécquer.

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