ALGO SUCEDIÓ EN LA BIBLIOTECA
Ocurrió uno de esos días, en los que la biblioteca está algo vacía. Un día en el que la gente, decide quedarse en casa. Entré como tantos días, saludé a la bibliotecaria y puse mí nombre en el registro de entrada. Me acerqué la sala, donde están los libros que nadie lee, libros de autores pasados, libros que lloran la ausencia de unas manos que los hojeé, extrañando no ser leídos por mentes ávidas de conocimiento. Aunque parezca raro, esa tarde me senté cerca de ese pasillo. Tenía en mis manos un libro de los que yo llamo “olvidados”. Ensimismada con Edgar Allan Poe y la leyenda del Gato Negro. Sentí un leve rumor que me hizo girar la cabeza. Miré hacia el pasillo, pero allí no había nadie. No le di más importancia y continué con la lectura. He de confesar que Poe me gusta mucho y se me pasan las horas leyendo sus relatos. Así, pasaba la tarde, minuto tras minuto, página tras página. De cuando en cuando, levantaba la vista y veía a la gente que iba yéndose de la biblioteca; ésta cerra...