MI QUERIDA TÍA ROSA.

La madrugada me sorprendió, siempre lo hace, cuando menos lo esperas. Las palabras leídas llenaron de pena mis sentidos y me di cuenta cuán corta es esta vida. La pérdida de un ser querido siempre es dolorosa, y si la pérdida es la de una madre, lo es aún mucho más. Rosa María, Margarita, Juan Carlos y Elena, sintieron como su corazón se partía, como ese cordón umbilical que no deja de unirnos a nuestras madres, se rompía. Duele el corazón, se rompe y no tiene cura, tan solo el tiempo lamerá la herida y la cicatrizará para amoldar el dolor y hacerlo más llevadero. De mi tía Rosa guardo gratos recuerdos, como sobrina he sentido el dolor por su marcha. Aunque hoy he aglutinado mis lágrimas para dar entereza a mis primos, a mis padres y a mí misma. Segura estoy de que brotarán cuando esté sola, recordando a mi tía, viendo unidos a sus hijos frente a su féretro, su madre querida, que sin duda estará orgullosa de haber sabido mantener unidos a sus hijos, con el amor que l...