A TI, MI MADRE Desde que tu mente comenzó a no recordar por culpa de la demencia vascular, comencé a concienciarme de que tarde o temprano te escribiría esta carta sin saber cuándo iba ser el momento. Siempre me ha costado, y no sé por qué, decir lo que siento a las personas que me rodean, quizá sea un gran problema que debo solucionar, pero si lo pienso bien, eso de ser arpía es necesario para muchas cosas, sobre todo para tomar decisiones por los demás que, por supuesto estaban informados de todo, aceptando con ello las responsabilidades que conllevan y el dolor que generan en mi alma. He tenido que decidir varias cosas en tu nombre, siempre por tu bien, siempre pensando que era lo que más te convenía, ya sabes por tus olvidos patológicos, cosas del Alzheimer… Ahora sé lo que me duele no haberte dicho cuanto te quiero, cuanto me haces falta en su momento. Ahora sé que debo decir “te quiero” a mis familiares, a mi padre, a mi esposo e hijos, a mis hermanos y amigos…...
Qué te voy a decir de esto, pues darte las gracias una vez más por tu maravillosa colaboración y por tener la suerte de poder contar con la amistad de una amiga como tú.
ResponderEliminarCon el concepto tan equivocado para muchas personas, de la palabra amistad, amigo, amiga, no importa como lo digas, que a cualquiera le dicen a los cinco minutos de conocerse, "mi amigo", no, no es tan sencillo como eso.
La verdadera amistad, la comparo con el amor verdadero, ya que si es un mal amor de nada sirve, con la amistad sucede lo mismo, si es una amistad de verdad, es limpia, sincera, de entrega, si no tiene esas cualidades, es hasta una ofensa que te llamen amigo, porque todo es hipocresía. Los verdaderos amigos son los que se quieren y tú cuentas con mi cariño.
Besos
Pero que sabio eres, yo también pienso lo mismo, los verdaderos amigos son lo que en realidad siempre están ahí. La amistad se cultiva, se mima con cariño y se riega de sinceridad, que es el mejor elixir para crecer como amigos y sembrar el cariño. Un beso poeta mío.
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